Dinero, discursos, propuestas, anuncios en televisión y radio, intercambio de opiniones, enojo, frustración, alegría, expectativa, esperanza, y muchos cientos más de sentimientos y eventos, han quedado atrás al paso de las elecciones presidenciales el pasado 4 de Noviembre, un día memorable para la corta historia de este país, Estados Unidos.
Unas elecciones plagadas de descalificaciones entre uno y otro bando, queriendo sacar el uno al otro sus trapos sucios, donde la diferencia entre las propuestas de los republicanos y demócratas eran mínimas, donde por primera vez en la historia, el país más poderoso del mundo podría tener a un hombre afro americano habitando la Casa Blanca (y así será), y así muchas otras cosas más de las que podríamos pasar largo tiempo escribiendo.
Pero en esta ocasión, sólo queremos referirnos al hecho de las esperanzas que muchos han puesto en el nuevo presidente, no habían pasado unas doce horas de haberse cerrado las casillas de votación y se empezaban a escuchar voces emocionadas que anunciaban ya una pronta, segura o casi inmediata reforma migratoria, pero para eso faltan tantas cosas, que es mejor sentarse a esperar manteniéndonos informados y evitando hacer caso de los cientos de vívales notarios o abogados que están a la casa de los millones de indocumentados que pretenden regularizar su situación migratoria, cuando no hay nada definido todavía.
En quién vamos a poner nuestra esperanza en estos tiempos tan difíciles para muchos. ¿Confiaremos en los republicanos y los demócratas?, que buscan sólo el poder por el poder; ¿en Obama y su gabinete?, que se juega todo por el todo en la crisis económica; ¿en los jueces y magistrados, que tienen tantos diferentes criterios y casos por resolver; en los gobernadores?, como el nuestro que no nos ha dado ninguna tregua; ¿en los millones de burócratas de esta bendita nación?, que trabajan como máquinas a destajo sin pensar que atienden también a personas con necesidades específicas; ¿en los representantes políticos de nuestros países aquí en Georgia?, que ni siquiera pueden con la expedición de un pasaporte; ¿en nuestro patrón?, que cada vez quiere pagarnos menos y debemos aceptar con tal de tener trabajo.
Por qué no también, ¿vamos a confiar en los pastores?, que muchos siguen construyendo su reino y alcanzando sus sueños (no los de Dios) sin importar que el bolsillo de los feligreses sangre; ¿en nuestras “buenas obras” y “buenas siembras”?, para alcanzar la bendición y favor de Dios, si El Señor nos ha dado todo lo que tenemos por su gracia en Cristo Jesús su hijo.
Como dice la Escritura, “Bendito el hombre que confía en el SEÑOR, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto”, Jeremías 17:7-8. En Él podemos confiar.
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